jueves, febrero 08, 2018

COCOTE: impresionante filme de Carlo Nelson de los Santos.

Alberto es una pobre alma en pena que se ha refugiado en los evangelios para encontrar sosiego. Para escapar de toda la miseria que ahoga su gente, ha tenido que marcharse de Pedernales, un pueblo que debe su nombre a la piedra que se ha usado como símbolo de determinación. Una determinación presente en el ADN de sus hijos desde los tiempos del cacique Bohechío.
Alberto es una pobre alma en pena que, en la capital, invisible entre las juergas de sus comprensivos patrones, crea una coraza protectora contra el círculo de violencia que diezma su gente. En Pedernales es la ley del talión: ojo por ojo y nos quedamos todos ciegos. La excepción a la regla es algún cacique de nuevo cuño que impone el orden con su pistola en la cintura.
Alberto es una pobre alma en pena que ya no reconoce como válidos los ritos católicos de los 9 días de rezos por el alma de nuestros seres queridos. Pero a su padre le arrancan el cocote por una deuda y esa tragedia le obliga a volver a su hogar, nunca dulce, hogar. Regresar es como adentrarse en el corazón de las tinieblas (sí ombe, como la novela de Joseph Conrad) de esta tierra y su inquietante belleza rojo bauxita.
Esta premisa sirve de entramado para que Nelson Carlo de los Santos presente su formidable drama Cocote, una de las mejores películas que se han hecho en Dominicana. Punto.
La excelente recepción que ha tenido Cocote en festivales internacionales no es casual, desde Panamá, en donde se ganó el derecho de estar en Cannes, hasta Locarno, en donde ganó el premio “Signs of Life”. Que se sepa: las certificaciones de calidad han llegado desde el extranjero, compitiendo contra otras cinematografías de mayor tradición y donde no hay tarjetica de recomendación que valga.
De los Santos nos desnuda como sociedad, con nuestras injusticias centenarias, con una sed de justicia bíblica que no encuentra salvador que la redima, con unas ganas de echar pa’lante que siempre ningunea un “deja-esa-vaina-así”. Esa asfixiante circularidad también encuentra espacio en la propuesta fotográfica del filme: la cámara continuamente se mueve en círculos, como para describirnos de la forma más testimonial la maldición existencial que muchos cargan sobre sus espaldas.
No hay encuadre cómodo para el espectador acostumbrado a las tomas “clásicas”: De los Santos nos hace fraternizar con sus personajes, con sus desvelos, con sus quejas sacadas a flote por el ron que se consume, a pico e’botella, al calor de una hoguera improvisada. Nos convierte, de manera hinóptica, en parte de la familia, nos hace sentir la densidad del aire que se respira en el rancho, la fatalidad que consume los pocos puntos de esperanza que flotan en el aire.
En ese marco, la selección de Vicente Santos y Judith Rodríguez (también formidable en Carpinteros) es poco menos que perfecta. Ellos, camaleónicos, se funden con el paisaje de personajes hasta desaparecer como actores y también llorar las ánimas.  
Por si fuera poco, Cocote posee un extraordinario valor antropológico: nos revela de manera íntima una forma de vivir, un mágico sincretismo entre el ayer que nunca pasa y el ahora que no termina de llegar y modernizarnos, acaso porque los pueblos fronterizos aportan pocos votos e importan muy poco a los políticos.  
Cocote es una selfie de quienes somos. Y Nelson Carlo de los Santos ha tenido los cojones de subirla sin filtros a las redes. Ya era hora.


Cocote (2017). Dirección y guión: Nelson Carlo de los Santos; Fotografía: Roman Kasseroller; Edición: Nelson Carlo de los Santos; Elenco: Vicente Santos, Judith Rodríguez, Pepe Sierra.

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