Movie Suite© por José D'Laura

viernes, enero 29, 2016

El renacido: otra joya de Alejandro G. Iñárritu.

Mientras me maravillaba con El renacido, la nueva joya cinematográfica del mexicano Alejandro G. Iñárritu, no dejaba de pensar en Terrence Malick y, específicamente, en dos de sus filmes: El nuevo mundo (2005) y El árbol de la vida (2011).
Bueno, la referencia no es gratuita: Iñárritu cuenta entre sus colaboradores con dos de los habituales de Malick: Jack Fisk (en el diseño de producción) y Emmanuel Lubezki, el único director de fotografía que ha ganado el Oscar en dos años consecutivos: por Gravedad (2014) y Birdman (2015).
Y va por el carril de adentro para ganar por El renacido. Entre otras cosas, porque ha rodado sólo con luz natural y porque, con su cámara, más que testigos imparciales, nos ha hecho partícipes de toda la acción dramática del filme, que es mucha. Un verdadero logro estético (responsabilidad compartida con el director) que para nada suscribe las reglas del Dogma 95.
Cabe destacar, entre los habituales de Iñárritu, al editor de todos sus filmes posteriores a Amores perros, Stephen Mirrione, ganador del Oscar por Traffic (2000).

El hombre y la naturaleza salvaje.

Iñárritu toma la experiencia de sus colaboradores para crear una atmósfera tan extraordinaria como asfixiante, punto importante cuando se trata de recrear un período histórico como el vivido por el explorador Hugh Glass en los primeros años del siglo XIX en el oeste americano.
Parte de la novela The Revenant: A Novel of Revenge, publicada por Michael Punke en 2002, pero añade sus propios elementos dramáticos para hacer de una historia de venganza, todo un viaje de redención.
El hombre es el peor depredador que conoce el planeta en toda su historia. Decidido a vencer a la Madre Naturaleza, continuamente le falta el respeto y, en medio de su desmedido egocentrismo, pretende alterar el ciclo de vida que la propia naturaleza ha creado, despertando unas fuerzas que van más allá de su burda comprensión. Una lucha perdida de antemano porque, en realidad, el planeta nos sobrevivirá sin problemas.
Este es el primer eje temático del filme: cómo hace el hombre para sobrevivir las inclemencias del clima, para cruzar por los accidentes de la geografía, para no ser devorado por las bestias que sienten sus hábitats en peligro.
Una línea dramática que nos mantiene pegados al asiento, conteniendo la respiración cuando hay peligro y rezando por los personajes que nos despiertan simpatías y que, de alguna manera, reciben de la naturaleza su infinita bondad al proveer lo que se necesita para sanar.

La salvaje naturaleza del hombre.

Segundo eje temático: el hombre blanco llegó a estas tierras hablando lenguas extrañas (inglés, francés, portugués, español, vaya usted a saber) y con un objetivo bien preciso: robárselo todo. Las tierras, los animales, los hombres, sus mujeres, todo lo que pariera la tierra y, a su paso, arrasar con culturas e implantar la modernidad.
Con su inmenso don de convencimiento, cambiaron sus espejitos y promesas (casi electorales) por las más preciadas posesiones de los nativos, deslumbrados ante tantas novedades.
La conquista del oeste americano, esa traumática apropiación que, sistemáticamente aniquiló a sus originales habitantes, encuentra en El renacido un punto de vista distinto, al igual como sucedió con Danza con lobos (1990, Kevin Costner): se nos cuenta desde la perspectiva de los perdedores, los que nunca encuentran espacio en las páginas de la historia oficial.
Porque ese hombre blanco, voraz y ambicioso, es el auténtico villano del relato. Y cuando, su ambición le ciega, es capaz de cometer las mayores deslealtades, de poner en riesgo la vida propia y la ajena, en su afán por conseguir unas cuantas monedas.
En el centro del conflicto dos personajes: el explorador Hugh Glass y el cazador John Fiztgerald, las dos caras de una misma moneda, interpretados por dos actores soberbios: Leonardo DiCaprio y Tom Hardy. Dos actores de impresionante físico que necesitaron de todas sus reservas para acometer las difíciles condiciones de rodaje en las heladas montañas de Canadá y en la Patagonia argentina, condiciones que provocaron que parte del equipo técnico presentara su renuncia.
Esa fisicidad que se siente en cada fotograma de El renacido, esa poética del dolor físico, esa consagración del dolor del cuerpo para purificar el alma (presente en toda la filmografía de Iñárritu) es lo que hace grande la actuación de DiCaprio y Hardy, ambos nominados al Oscar. Ahora bien, la actuación de DiCaprio es un nuevo registro en su carrera, de por sí llena de excelentes representaciones, que bien merece todos los premios recibidos.
El renacido es una historia de venganza que se convierte en un viaje hacia el alma de un necesitado de redención. Sin duda: uno de los mejores filmes del año.  


El renacido (2015). Dirección: Alejandro G. Iñárritu; Guión: Mark L. Smith y Alejandro G. Iñárritu, basado en la novela de Michael Punke; Fotografía: Emmanuel Lubezki; Edición: Stephen Mirrione; Música: Alva Noto y Ryuichi Sakamoto; Elenco: Leonardo DiCaprio, Tom Hardy, Will Poulter.

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