Movie Suite© por José D'Laura

lunes, mayo 28, 2007

Un Verano entre arañas y piratas


Hasta hace unos años, en Estados Unidos el verano cinematográfico comenzaba en el fin de semana del Día de los Veteranos a finales de mayo y se extendía hasta la primera semana de septiembre.
Cuando reviso las taquillas del año noto que han adelantado un mes el verano y los resultados son más que satisfactorios.
Muchos dirán que tantas secuelas se hacen porque tienen el éxito garantizado. Y quizás tienen razón: El hombre araña 3 lleva unos $307.6, mientras Shrek 3 suma unos $219.4.
Este lunes 28 de mayo se acaban de dar los datos del fin de semana y Piratas del Caribe 3: en el fin del mundo, alcanzó la cifra de $115.1, debutando como se esperaba en el primer lugar.
Leo un análisis y según el titular la película “falló en encontrar el tesoro de las taquillas” porque no logró romper el récord que hace unas semanas impuso El hombre araña 3. Me pregunto: ¿se volvieron locos los analistas?. 115 millones no es paja de coco y menos si sumamos los 245 millones que Piratas ha recaudado en el resto del mundo desde el pasado miércoles.
En el 2003, cuando comenzaron las andazas de Jack Sparrow a bordo del Perla Negra, señalaba que se había roto una maldición que pesaba con las películas que tenían a los piratas como tema. Hasta Steven Spielberg (Hook) o Roman Polanski (Pirates) habían saboreado el fracaso frente a semejante reto.
¿Dónde radica el éxito de Piratas del Caribe? Sin duda en que su protagonista Johnny Depp, es un auténtico imán taquillero, además de uno de los actores más completos de su generación.
Depp ha generado una legión de fanáticas a las que no le importa que esta película dura 2 horas y 47 minutos y que tiene una trama más intrincada que un acertijo chino.
Piratas del Caribe 3 ha conseguido el quinto mejor debut en la historia del cine y todavía hay quien le regatea su mérito.
Créame si le digo que, mientras usted leyó esta nota, alguien ya está preparando la parte cuatro.

Cannes 2007: Lista de Ganadores


Cuatro meses, tres semanas y dos días, la película del director rumano Cristian Mungiu, que ya había obtenido el Premio de la Crítica Internacional FIPRESCI, cumplió con los pronósticos y se alzó con la Palma de Oro en la 60ª edición del Festival Internacional de Cine de Cannes.
La japonesa El bosque de luto obtuvo el Gran Premio del Jurado en la gala presentada por la actriz Diane Kruger, que destacó el alto nivel cualitativo de los filmes presentados en la Sección Oficial Competitiva.
El premio al Mejor Director fue para Julian Schnabel por The Diving Bell and the Butterfly, mientras el Premio 60mo Aniversario fue para Gus Van Sant por Paranoid Park.
Meduzot, cinta israelí dirigida por Etgar Keret y Shira Geffen, se consagró con la Cámara de Oro a la Mejor Ópera Prima, mientras que el Premio Especial del Jurado recayó ex aequo en Luz silenciosa, del mexicano Carlos Reygadas, y la película de animación francesa Persépolis.
El galardón fue para el actor ruso Konstantin Lavronenko por su papel en Destierro. La actriz surcoreana Do-yeon Jeon ganó el Premio a la Mejor Interpretación Femenina por Secret Sunshine.

miércoles, mayo 23, 2007

El Pianista: el Polanski más personal.


(A propósito de la celebración del Festival de Cannes, he vuelto a ver esta joya de Polanski y nueva vez, el brillante cineasta logra activar muchas sensibilidades.)

Roman Polanski es, sin duda, un personaje de historias de películas. Un gran artista, un auténtico autor, pero también una persona que ha sufrido innumerables traumas a lo largo de su vida. Y desde temprano: sus padres retornaron de Francia a Polonia en 1942 y afrontaron todos los problemas de la ocupación alemana y el ghetto de Varsovia. Su madre murió en un campo de concentración.
Cuenta en sus memorias, Roman por Polanski, que estuvo a punto de morir a causa de una bomba que le perforó parte de su cráneo mientras huía de la muerte en Varsovia.
El destino habría de preservarlo para otras pruebas.
El 8 de agosto de 1969 sucedió uno de los sucesos que más ha conmocionado la sociedad americana en las últimas décadas: el asesinato de su esposa, Sharon Tate (embarazada de 8 meses) a manos de la banda de Charles Manson. 10 años después, Polanski redimiría toda esa deuda de dolor, dedicándole Tess a su asesinada esposa.
Cuando ganó el Oscar al Mejor Director por El Pianista (2002, a la edad de 69 años y 7 meses, el director de mayor edad que lo consigue), una de las mayores expectativas era si lo retiraría en persona. Polanski es prófugo de la justicia americana que le persigue por la violación de una menor de 13 años durante una fiesta en la mansión de Jack Nicholson. Por supuesto, no asistió a la ceremonia.
Pero al margen de esa atribulada vida, Polanski ha entregado un clásico en más de un género del cine: Rosemary’s Baby (1968, excepcional cine de terror, ahora parodiada en Shrek 3), Chinatown (1974, film noir), El inquilino (1976, suspenso), Tess (1979), Frenético (1988), Luna de hiel (1992).

Con El Pianista, Polanski redime una herida que lo hace sangrar desde su infancia cuando escapó del ghetto y sobrevivió gracias a la solidaridad de los campesinos que encontró en su huida. Precisamente, Wladyslaw Szpilman, el pianista judío en cuyas memorias se basa la película, fue un maestro de la sobrevivencia, después de padecer mucha soledad e innumerables sufrimientos.
He aquí una de sus constantes: de alguna manera, Polanski siempre habla de la soledad, del aislamiento del ser humano en determinadas circunstancias.
El Pianista es lo que los americanos llaman un solo vehicle, es decir, un vehículo para el lucimiento de su actor principal, Adrien Brody, merecidísimo Oscar como Mejor Actor. Entre las cosas que hizo Brody estuvo un intenso entrenamiento para aprender a tocar el piano y aislarse por completo de familiares y amigos para sentir la soledad.

Pero la clave del éxito de El Pianista radica en su poética visual, que nos asombra y nos estremece, que nos enternece hasta las lágrimas con una fuerza que pocos directores logran convocar. Polanski ha logrado hacer de una super-producción su película más personal.

Sus propias palabras no dejan duda: “El Pianista es un testimonio del poder de la música, la voluntad de vivir y el coraje para enfrentar el mal”.

martes, mayo 15, 2007

Festival de Cannes: 60 años de Excelencia Cinematográfica

Desde sus inicios, el Festival Internacional de Cine de Cannes se erigió como tribuna para celebrar y estimular la libertad creativa de los cineastas, al margen de cualquier prejuicio.

Surgido como respuesta a un exabrupto de la dictadura de Mussolini, se ha convertido en el mejor escenario para conocer la calidad del cine que se hace en todo el planeta.

Cuentan las buenas lenguas que en 1938, todo el mundo esperaba que ganara La gran ilusión de Jean Renoir. Pero el premio se lo dieron a Olympia, de Leni Riefenstahl (realizadora preferida del régimen Nazi) y el disparate italiano Luciano Serra, Pilota (de Goffredo Alessandrini, hijo bastardo de Mussolini).

El enojo de los franceses fue bíblico: iniciaron amarres para tener su propio festival en el que se escogiera libre de presiones políticas o de cualquier tipo. Lo inauguraron en 1939, con tan mala suerte que al otro día, al cabronazo de Hitler se le antojó invadir Polonia y poner en marcha la Segunda Guerra Mundial. Hubo una pausa hasta 1946.

Así nació Cannes y hoy se ha convertido en el termómetro del cine mundial.

A sus 82 años, Louis Lumiére, el inventor del cine, tuvo el justo honor de ser el Presidente del primer jurado de Cannes. Ese hecho marcaría la pauta del grandioso recorrido del festival.

Cannes ha significado el descubrimiento de los mejores nombres del cine mundial y nadie discute su supremacía entre los festivales de cine.

Simple: Cannes es el más prestigioso festival de cine del mundo. Ganar la Palma de Oro es sinónimo de buen cine y garantía de calidad para los cinéfilos.

Ahora que celebramos sus primeros 60 años, quizá bastaría con soplar las velitas y dejar que las maravillosas imágenes en movimiento llenen de poesía nuestros sueños.

lunes, mayo 07, 2007

Notas para un excelente escándalo















Cate Blachett es, sin duda, la más camaleónica de las actrices contemporáneas.
Ella ha demostrado tener más agallas que todas y ya ganó el Oscar por El aviador (de Martin Scorsese) en la que encarnó a Katherine Hepburn.
Blanchett combina a la perfección su carrera comercial (El señor de los anillos) con papeles de mayor peso dramático: Elizabeth (ganó Globo de oro y Bafta), Veronica Guerin y Charlotte Gray. Recientemente la vimos en Babel.
Y maravilla por el extraordinario rango que es capaz de abarcar con sus personajes: esposa ítalo-americana en Pushing Tin; niña de sociedad en El talentoso señor Ripley; apalache con poderes síquicos en The Gift; Galadriel en El señor de los anillos.
Hay quienes le cuentan más de una docena de acentos perfectos a esta australiana.
Parte de la clave de su éxito radica en sus inusuales facciones: entre clásico perfil griego y esa next door girl, que nos atrae por su rústica lozanía. Una sensualidad apenas contenida a flor de piel que nos incita por igual a mirarla con disimulo o desatar nuestros más fieros instintos.
Después de esta carta de amor a Blanchett, debo también acreditar a otras personas del logro de Escándalo. Merece todo nuestro respeto Judi Dench, porque esta película es lo que se denomina un tour de force, un enfrentamiento entre dos formidables actrices que entregan lo mejor de sí para ganarse el favor del público.
Merece señalarse la acertada dirección de Richard Eyre: adecuada, sobria, sin excesos innecesarios. Merece un reconocimiento el fino trabajo de Phillip Glass, formidable músico responsable, entre otras cosas, de la trilogía Qatsi (de Godfrey Reggio) y Las horas.
Todos aportan para que esta adaptación de la novela de Zoe Heller sea una de las mejores opciones dentro del verano que ya llegó preñado de hombres arañas y piratas del caribe.