Rodrigo Sorogoyen es uno de los mejores realizadores del escenario español de la actualidad. Bastaría un breve repaso a su filmografía para comprobarlo: Stockholm (2013), Que Dios nos perdone (2016), El reino (2018, por la que ganó el Goya al mejor director y mejor guion) y As Bestas (2022, por la que ganó su segundo Goya como director y también mejor película).
Como rasgo
característico, sus personajes siempre atraviesan una crisis existencial que
los parte en dos y les devora su conciencia: están habitados sin remedio por el
síndrome del impostor.
Javier
Bardem es uno de los mejores actores del escenario español de cualquier tiempo.
Ganador de 6 Goyas (Días contados, Boca a boca, Los lunes al sol, Mar
adentro, Biutiful y El buen patrón), de los festivales
de Cannes, Venecia y San Sebastián; y del primer Oscar para un actor español
por Sin
lugar para los débiles.
Bardem es
un auténtico monstruo de la actuación que hace de cada personaje una
experiencia de aprendizaje para sus realizadores, para sus compañeros de elenco
y, en última instancia, para el público que queda hipnotizado por su extraordinario
lenguaje corporal al servicio del drama.
Sorogoyen y
Bardem se han unido para presentarnos El Ser Querido, uno de los filmes
más aclamados de 2026, que tuvo su estreno en la competencia oficial del
Festival de Cannes.
Uno de los
filmes del pasado año que más elogios consiguió fue Sentimental Value, del
noruego Joachim Trier. En ese filme, un director de cine ofrece el papel en su
próximo filme a su propia hija y esto desata las turbulencias naturales en una
relación disfuncional que ha dejado huellas en ambos. Precisamente, en El
Ser Querido, un director perfeccionista que es intolerante con su
equipo y conflictivo con todo el que cuestiona su esquema de valores ofrece a
su hija un papel en su nueva película. Hasta ahí las coincidencias con Sentimental
Value.
Sorogoyen
desarrolla un esquema dramático muy diferente, usando el detrás de cámaras del
rodaje como telón de fondo para exponer todas las heridas que laceran las almas
de los involucrados y no les deja respirar con paz el aire de una misma
habitación.
Esteban
Martínez es el personaje en cuestión: una leyenda cinematográfica con un pasado
lleno de violencia y excesos, quien ha estado ausente en la vida de su hija
Emilia, a la que lleva más de trece años que no ve, y ahora pretende conquistar
su cariño ofreciéndole un papel que puede darle sentido a su carrera como
actriz.
Por
supuesto, la tensión natural entre el director y sus actores en un set de
filmación se multiplica por un factor del lazo sanguíneo entre padre e hija, el
director se debate entre ser tierno, condición para la que no tiene el menor
talento, ni la menor vocación y que a menudo lo convierte en un hombre
irascible frente a todo y todos, hasta el punto de que parte de su elenco
abandona la filmación ante la atmósfera tóxica y los maltratos verbales.
Sorogoyen
saca todo el provecho posible de la actuación de Bardem, mueve la cámara como
pez (tiburón) en el agua, devora cada gesto, ilumina hasta quemar el cuadro,
capta la verdad de las miradas. Merece especial mención la actriz Vicky Luengo,
a quien Sorogoyen dirigió en la exitosa serie Antidisturbios, quien se
inscribe, por mérito propio, entre la élite de las actrices españolas de
nuestros días, que de seguro recibirá varias nominaciones por su participación en El
Ser Querido.
El filme
resultará especialmente interesante para quienes hacen cine porque retrata como
pocos la maravillosa gestión de un oficio que siempre demanda más de lo que uno
puede dar, para crear el milagro colectivo: una película que se nos queda en la
memoria y da color a nuestros sueños.
El Ser Querido (2026). Dirección: Rodrigo Sorogoyen; Guion: Isabel Peña y Rodrigo Sorogoyen; Fotografía: Alex de Pablo; Edición: Alberto del Campo; Música: Olivier Arson; Elenco: Javier Bardem, Victoria Luengo, Melina Mathews, Pepa Gracia.

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