lunes, julio 20, 2026

“La Odisea”, de Christopher Nolan.

Christopher Nolan es el único cineasta contemporáneo capaz de convertir La Odisea, un épico poema griego, en un espectáculo de $250 millones de dólares que las audiencias esperan con ansiedad.

En una nota anterior, daba a conocer algunos de los detalles técnicos de esta odisea de Nolan y ya sabemos algunos primeros resultados: las boletas en formato IMAX en Estados Unidos están agotadas para las primeras semanas…desde hace un año. Y mientras escribo estas líneas ya se reportan $124.5 millones de dólares en su primer fin de semana en USA y otros $137.3 millones en el resto del mundo, para un asombroso total de $261.8 millones de dólares, el mejor en la carrera de Nolan.

El filme ya forma parte de la historia al ser la primera película rodada íntegramente en IMAX 70mm. Independientemente del formato, esta nueva entrega de Nolan de dos horas y 52 minutos, se sustenta en un sólido guion, como ya es habitual en este cineasta, y muestra los eventos con un dramatismo ascendente que mantiene el interés del espectador y nos conduce a un final conocido, pero completamente satisfactorio. En más de un sentido, La Odisea se presenta como un thriller de suspenso, muchas intrigas y alta política, como corresponde al escenario donde está en juego un trono y una reina.

De alguna manera, todos conocemos algo de la trama básica del texto: luego de la Guerra de Troya y el famoso caballo, Odiseo quiere regresar a Ítaca, a su hogar, al regazo de su amada Penélope (protagonista de una de las canciones más conocidas de Serrat). En un desliz humano, le falta el respeto a Poseidón e inicia un tortuoso viaje, un viaje que pone a prueba su integridad, su inteligencia, su identidad y su perseverancia.

Antes de llegar a Ítaca deberá atravesar la isla del cíclope Polifemo, un gigante con un solo ojo, la isla de la bruja Circe, quien convierte a los hombres en cerdos, el mar de las Sirenas y su canto arrebatador, el estrecho de Escila, un monstruo que devora marineros y el dulce embrujo de Calipso, una bella hechicera que se enamora de Odiseo. En Ítaca le espera su castillo invadido por pretendientes de su esposa Penélope y lo que ella significa: acceder al trono y gobernar a sus anchas.

Nolan recrea cada segmento de la historia y construye una propuesta dramática que atrapa al espectador con sus artilugios habituales: no se narra en línea continua, sino que se nos sirven segmentos de cada historia como piezas de un rompecabezas para armar, al tiempo que la historia progresa de forma simultánea en varias líneas narrativas, que conducen al final con vuelta de tuerca, hasta donde es posible en una historia que todos (casi) conocemos.

Por supuesto, el filme hereda del poema la posibilidad para cada espectador (o lector) de identificarse con alguno de los protagonistas como correspondencia a su propia vida. Desde Odiseo, la resiliencia hecha persona, hasta Penélope, la integridad de un ideal que se sirve de la estrategia para sobrevivir, pasando por Telémaco, dominado por las ansias de conocer la verdad aunque resulte dolorosa, Antinous es la ambición desmedida y hasta Argos, ese perro fiel que sufre un infarto masivo cuando reconoce a su amo, décadas después.

Para entender en su justa dimensión La Odisea, hay que tener en cuenta dos conceptos básicos: primero la Xenía, también conocida como Ley de Zeus: una especie de código de conducta alrededor de la hospitalidad: ser un buen anfitrión sin importar quién sea el huésped. Esta ley le impide a Penélope (y a su hijo Telémaco) echar del castillo a los pretendientes que se instalan por años hasta que la reina elija un marido.   

En segundo lugar, el Nostos que significa “regreso al hogar”. Claro que va más allá de volver físicamente, también aprender del recorrido espiritual que transforma la persona: algo que, en dramaturgia moderna se conoce como “el viaje del héroe”. Esta es la fuerza interior que empuja a Odiseo hacia su meta, más allá de lo que parece estar escrito, la verdadera libertad entre el “destino” y lo que puede elegirse como porvenir. Su verdadero reto no es solo regresar a Itaca, sino comprobar que todavía pertenece a ese mundo.

Entre ambos conceptos, Nolan se vale nueva vez de colaboradores absolutamente maravillosos: Hoyte van Hoytema, su habitual director de fotografía; y Ludwin Göransson, extraordinario compositor, ambos ganadores del Oscar por Oppenheimer (2024). Göransson ha compuesto una partitura sin orquesta, pero que integra elementos sonoros griegos y suena ancestral.

Como cualquier gran cineasta, Nolan se rodea de su grupo de actores habituales: Matt Damon (estuvo en Interestellar y Oppenheimer), Anne Hattaway (en Interestellar y Batman: el caballero oscuro) y Robert Pattinson (Tenet). Con ellos, logra una sinergia que fácilmente colocan a La Odisea en uno de los primerísimos títulos para la próxima Temporada de Premios.

 

La Odisea (2026). Dirección y guion: Christopher Nolan, basado en el poema de Homero; Fotografía: Hoyte van Hoytema; Edición: Jennifer Lame; Música: Ludwin Göransson; Elenco: Matt Damon, Anne Hattaway, Robert Pattinson, Tom Holland y Zendaya.

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