lunes, junio 29, 2009

El niño con el pijama de rayas


El Holocausto ha sido tema de innumerables filmes.

Ahora nos llega El niño con el pijama de rayas, basada en la novela de mismo título de John Boyne, quien también escribió el guión, conjuntamente con el director Mark Herman.

Creo que el elemento que más destacable de la película es que, a pesar de que trata un tema tan sensible y controversial, lo hace con un tacto realmente asombroso, traduce el horror del Holocausto en una historia sobre la amistad entre dos niños. Efectivamente, el poder de la sugerencia se ha puesto de manifiesto en la película de Mark Herman.

Como la idea es que el filme fuera visto por todos, se ha prescindido de escenas desagradables y todo se trata con mucho cuidado, porque la perspectiva desde la que se nos cuenta la historia es la de Bruno, un niño alemán de 8 años.

Una perspectiva parecida vimos hace unos años: Roberto Benigni en La vida es bella, le que sacaba partida sentimental al Holocausto y se lo presentaba como un juego a su hijo.

En El niño con el pijama de rayas se presenta la amistad que surge entre Bruno (alemán) y Shmuel (judío), uno a cada lado de la verja del campo de concentración. La imagen es desgarradora y tierna en sí misma. Ellos desconocen a lo que pasa y se preguntan si hay algún vestigio de razón en todo aquello. Nosotros también, a pesar de que conocemos los detalles.

Es bueno recordar un error de la magnitud del Holocausto. Ahora que surge un movimiento neo-nazi en el mundo, es pertinente no olvidar los 6 millones de judíos exterminados por los nazis.

El niño con el pijama de rayas se presta, dada su delicadeza, para verla en compañía de nuestros hijos adolescentes y reflexionar sobre uno de los capítulos más irracionales en la historia de la humanidad.

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