Christopher Nolan es el único cineasta contemporáneo capaz de convertir La Odisea, un épico poema griego, en un espectáculo de $250 millones de dólares que las audiencias esperan con ansiedad.
En una nota
anterior, daba a conocer algunos de los detalles técnicos de esta odisea de
Nolan y ya sabemos algunos primeros resultados: las boletas en formato IMAX en
Estados Unidos están agotadas para las primeras semanas…desde hace un año. Y
mientras escribo estas líneas ya se reportan $124.5 millones de dólares en su
primer fin de semana en USA y otros $137.3 millones en el resto del mundo, para
un asombroso total de $261.8 millones de dólares, el mejor en la carrera de
Nolan.
El filme ya
forma parte de la historia al ser la primera película rodada íntegramente en
IMAX 70mm. Independientemente del formato, esta nueva entrega de Nolan de dos
horas y 52 minutos, se sustenta en un sólido guion, como ya es habitual en este
cineasta, y muestra los eventos con un dramatismo ascendente que mantiene el
interés del espectador y nos conduce a un final conocido, pero completamente
satisfactorio. En más de un sentido, La Odisea se presenta como un
thriller de suspenso, muchas intrigas y alta política, como corresponde al
escenario donde está en juego un trono y una reina.
De alguna
manera, todos conocemos algo de la trama básica del texto: luego de la Guerra
de Troya y el famoso caballo, Odiseo quiere regresar a Ítaca, a su hogar, al
regazo de su amada Penélope (protagonista de una de las canciones más conocidas
de Serrat). En un desliz humano, le falta el respeto a Poseidón e inicia un
tortuoso viaje, un viaje que pone a prueba su integridad, su inteligencia, si
identidad y su perseverancia.
Antes de
llegar a Ítaca deberá atravesar la isla del cíclope Polifemo, un gigante con un
solo ojo, la isla de la bruja Circe, quien convierte a los hombres en cerdos,
el mar de las Sirenas y su canto arrebatador, el estrecho de Escila, un
monstruo que devora marineros y el dulce embrujo de Calipso, una bella
hechicera que se enamora de Odiseo. En Ítaca le espera su castillo invadido por
pretendientes de su esposa Penélope y lo que ella significa: acceder al trono y
gobernar a sus anchas.
Nolan
recrea cada segmento de la historia y construye una propuesta dramática que
atrapa al espectador con sus artilugios habituales: no se narra en línea continua,
sino que se nos sirven segmentos de cada historia como piezas de un
rompecabezas para armar, al tiempo que la historia progresa de forma simultánea
en varias líneas narrativas, que conducen al final con vuelta de tuerca, hasta
donde es posible en una historia que todos (casi) conocemos.
Por
supuesto, el filme hereda del poema la posibilidad para cada espectador (o
lector) de identificarse con alguno de los protagonistas como correspondencia a
su propia vida. Desde Odiseo, la resiliencia hecha persona, hasta Penélope, la
integridad de un ideal que se sirve de la estrategia para sobrevivir, pasando
por Telémaco, dominado por las ansias de conocer la verdad aunque resulte
dolorosa, Antinous es la ambición desmedida y hasta Argos, ese perro fiel que
sufre un infarto masivo cuando reconoce a su amo, décadas después.
Para
entender en su justa dimensión La Odisea, hay que tener en cuenta
dos conceptos básicos: primero la Xenía,
también conocida como Ley de Zeus: una especie de código de conducta alrededor
de la hospitalidad: ser un buen anfitrión sin importar quién sea el huésped.
Esta ley le impide a Penélope (y a su hijo Telémaco) echar del castillo a los
pretendientes que se instalan por años hasta que la reina elija un marido.
En segundo
lugar, el Nostos que significa
“regreso al hogar”. Claro que va más allá de volver físicamente, también
aprender del recorrido espiritual que transforma la persona: algo que, en
dramaturgia moderna se conoce como “el viaje del héroe”. Esta es la fuerza
interior que empuja a Odiseo hacia su meta, más allá de lo que parece estar
escrito, la verdadera libertad entre el “destino” y lo que puede elegirse como
porvenir. Su verdadero reto no es solo regresar a Itaca, sino comprobar que
todavía pertenece a ese mundo.
Entre
ambos conceptos, Nolan se vale nueva vez de colaboradores absolutamente
maravillosos: Hoyte van Hoytema, su habitual director de fotografía; y Ludwin Göransson,
extraordinario compositor, ambos ganadores del Oscar por Oppenheimer (2024). Göransson
ha compuesto una partitura sin orquesta, pero que integra elementos sonoros
griegos y suena ancestral.
Como
cualquier gran cineasta, Nolan se rodea de su grupo de actores habituales: Matt
Damon (estuvo en Interestellar y Oppenheimer), Anne Hattaway (en Interestellar
y Batman:
el caballero oscuro) y Robert Pattinson (Tenet). Con ellos, logra
una sinergia que fácilmente colocan a La Odisea en uno de los primerísimos
títulos para la próxima Temporada de Premios.
La Odisea
(2026). Dirección y guion: Christopher Nolan, basado en el poema de Homero;
Fotografía: Hoyte van Hoytema; Edición: Jennifer Lame; Música: Ludwin Göransson;
Elenco: Matt Damon, Anne Hattaway, Robert Pattinson, Tom Holland y Zendaya.






