Mel Brooks, uno de los comediantes más influyentes del siglo XX, cumplió 100 años, fiel a la convicción que ha guiado su premiada obra: «La risa es un grito de protesta contra la muerte». Una filosofía plasmada en creaciones tan emblemáticas como el Superagente 86 y Los productores.
El
actor, guionista, productor, director, escritor y músico, nacido en Brooklyn,
en el seno de una familia judía, ha repetido en varias entrevistas que desde
niño quiso dedicarse al mundo del entretenimiento.
«Me
gustaba llamar la atención», dijo en una entrevista con el programa Good
Morning America en 2021, a propósito del lanzamiento de su autobiografía ¡Todo
sobre mí!, en la que advertía que la risa era una protesta contra la
muerte y el ‘largo adiós’ que significaba.
Nacido
bajo el nombre de Melvin James Kaminsky (1926), Brooks quedó huérfano de padre
cuando apenas era un infante y fue criado por su madre, junto a sus tres
hermanos mayores en medio de estrecheces económicas.
Combatió
en Europa durante la II Guerra Mundial, una experiencia «que lo cambió», según
explicó en el documental Mel Brooks: ¡El hombre de 99 años!
estrenado en 2024.
Pero
encontró en el humor negro, la sátira y sobre todo en la parodia una fórmula de
vida que lo convirtió en referente mundial: «Me enorgullece poder decir que he
hecho reír a la gente para ganarme la vida (…). Aunque pueda parecer una
tontería y una soberana memez, la comedia es lo que más tiene que decir sobre
la condición humana», escribió Brooks, quien adoptó el apellido de soltera de
su madre, Kate Brookman.
Inició
haciendo monólogos en los escenarios de Catskill, donde trabajaba como
camarero, para luego abrirse paso como guionista de televisión en programas en
vivo como Your show of shows de su mentor Sid Caesar.
En ese
oficio alcanzó su primer gran éxito al crear, junto con Buck Henry, el Superagente
86 (1965-1970), serie que parodiaba el espionaje de la Guerra Fría, con
el torpe pero eficaz Agente 86, Maxwell Smart, y la Agente 99, en su misión
contra la malvada organización KAOS.
Saltó al
cine con Los productores (1967), una sátira al nazismo que sigue a dos
productores teatrales que pretenden hacer fraude con una obra destinada al
fracaso.
La
cinta, que escribió y dirigió, le valió su primer Oscar, al mejor guion
original. Más de treinta años después, la adaptó en Broadway, donde hizo
historia al ganar doce premios Tony, el mayor número obtenido por un musical
hasta el momento.
Su
prolífica carrera en Hollywood incluyó títulos con un gran número de parodias a
géneros y películas dramáticas como Sillas de montar calientes (1974), El
jovencito Frankenstein (1974), Máxima ansiedad (1977), Las
locas, locas aventuras de Robin Hood (1993) y La loca historia de las galaxias
(1987), un exitoso remedo de la Guerra de las Galaxias.
El
legado del neoyorquino va más allá de la comedia, con su productora
Brooksfilms, apostó por películas dramáticas como El Hombre Elefante (1980)
de David Lynch, que obtuvo ocho nominaciones y consolidó la carrera del
director. También estuvo detrás de la producción de éxitos como Frances
(1982), Mi año favorito (1982) y La mosca (1986).
E
incursionó en el mundo de la música grabando varios álbumes de comedia, muchos
de ellos convertidos en clásicos, que le merecieron cuatro premios de la
Academia de la Grabación.
Brooks
es uno de los pocos artistas ganadores de los galardones más importantes en el
circuito estadounidense conocidos como los EGOT (Emmy, Grammy, Oscar y Tony).
En 2010,
plasmó las huellas de sus manos y pies frente al histórico Teatro Chino de
Hollywood, donde utilizó una prótesis con seis dedos en su mano izquierda, que
inmortalizó su irreverencia. También recibió la Medalla Nacional de las Artes
de manos de Barack Obama, en 2016.
A sus
100 años sigue vigente trabajando apoyado por sus cuatro hijos, producto de dos
matrimonios, el primero con Florence Baum, madre de los tres mayores, de quien
se separó para después casarse con la actriz Anne Bancroft, el amor de su vida,
y su pareja durante 45 años hasta 2005, cuando falleció.

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