Marilyn Monroe es la mujer que más líquido ha derramado sobre el planeta: lágrimas, sudor, esperma, licor, Chanel no.5. ¡Además sabía actuar, carajo! -José D'Laura
Marilyn Monroe fue mucho más que el icono de glamour que la convirtió en mito global. Detrás de esa imagen, a menudo reducida al estereotipo de símbolo sexual, hubo una actriz rigurosa, formada en el método, y una figura clave en la lucha por el control creativo en Hollywood.
«Marilyn Monroe era, en sí misma, la actuación
definitiva. Esa no era realmente ella. Ella era Norma Jeane Baker. La creación de ‘Marilyn Monroe’ fue
la actuación suprema», dijo Emily Carman, profesora asociada de Cine y Artes
Mediáticas de la Universidad Chapman.
Amy Greene, esposa del fotógrafo Milton H. Greene, uno de
los colaboradores y amigos más cercanos de Monroe, relató cómo la actriz
parecía transformarse instantáneamente de Norma Jeane, la mujer detrás del
mito, reservada y discreta, a Marilyn Monroe, la deslumbrante estrella que
cautivaba a cualquiera a su paso.
Tras una infancia marcada por la inestabilidad familiar,
diversos episodios de abuso y un matrimonio temprano, Monroe comenzó a trabajar
como modelo. Sin embargo, sus ambiciones la llevaron pronto a dar el salto a
Hollywood.
El camino no fue sencillo, pero en cuestión de pocos años
consiguió contrato con 20th Century Fox y empezó a abrirse paso en la industria
con papeles secundarios que, poco a poco, consolidaron su presencia en
pantalla.
Su
ascenso definitivo llegó con títulos como Niagara (1953), Gentlemen Prefer Blondes
(1953) y How to Marry a Millionaire (1953), que la convirtieron en una
de las figuras más reconocibles.
Sus
papeles de rubia interesada, ingenua o tonta, sumados a la imagen pública de
símbolo sexual que se consolidó tras la publicación de unas fotografías de
desnudos sin su consentimiento, terminaron eclipsando durante años la
complejidad de su trabajo interpretativo.
«Existe un gran malentendido sobre su capacidad como
actriz», explicó Carman, quien sostiene que Monroe fue una de las figuras clave
en la incorporación del método en Hollywood, técnica entonces asociada
principalmente a actores como Marlon Brando.
En 1954,
Monroe se rebeló contra el estudio y se negó a aparecer en The Girl in Pink Tights
para distanciarse de papeles de mujer ingenua y por su inconformidad con el
salario que recibía en comparación con sus coprotagonistas masculinos. Se
encontraba en el punto álgido de su carrera y tomó el riesgo de mudarse a Nueva
York para estudiar con Lee Strasberg en el Actors Studio, decisión que, según
Carman, «demuestra hasta qué punto estaba comprometida con su oficio».
«Fue una
actriz muy seria, incluso cuando interpretaba personajes que explotaban la
imagen de la rubia ingenua», añadió la experta, destacando papeles como Some
Like It Hot.
En pleno apogeo del sistema de estudios, cuando las
grandes estrellas estaban sujetas a contratos restrictivos y tenían escasa
capacidad para decidir, Monroe desafió las reglas cuando en 1955 fundó Marilyn
Monroe Productions junto a su amigo y fotógrafo Milton H. Greene.
Su objetivo no era únicamente mejorar sus condiciones
económicas, sino también ganar el reconocimiento artístico que consideraba que
la industria le negaba.
Monroe
regresó a Fox bajo sus propios términos con el filme Bus Stop (1956), con el
que pudo mostrar una faceta más dramática y seria y en 1957 lanzó The
Prince and the Showgirl, película independiente realizada por su propia
productora que logró una nominación al BAFTA y ganó el David di Donatello a
mejor actriz extranjera.
Hacia el
final de su carrera Monroe encontró en The Misfits (1961) el papel que
siempre había buscado en los márgenes de Hollywood. El guion fue escrito
por su entonces esposo, Arthur Miller, específicamente para ella, y le ofrecía
un rol que la industria no le había dado.
«En The
Misfits ella es la autoridad moral: los hombres rinden cuentas ante
ella por su explotación de la tierra, los animales y, en cierto modo, de ella
misma», explicó Carman.
La película, que coprotagonizó junto a Clark Gable y
Montgomery Clift, muestra a Monroe no como el estereotipo rubio, sino como una
mujer con profundidad emocional y conciencia crítica.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario