Ninguna madre está preparada para ver morir su hijo. No hay remedio en el mundo que le ayude a mitigar el dolor de despedir a quien ha parido con dolor.
Hamnet, filme basado en la novela de
Maggie O’Farrell y dirigido por Chloé Zhao, introduce un elemento distintivo a
esta propuesta dramática: los padres involucrados en el evento son el
dramaturgo William Shakespeare y su esposa, Agnes.
William ha podido
exorcizar algunos dolorosos recuerdos con la escritura de La tragedia de Hamlet.
(La consonancia de nombres no es casual: Hamnet y Hamlet se usaban
indistintamente). Agnes es una mujer del bosque que practica la cetrería y no
tiene herramientas de resiliencia para lidiar con la depresión que la habita.
Agnes es
capaz de visualizar el futuro de cualquier persona con solo apretar sus manos.
Conoce los secretos del bosque, los beneficios de las hierbas, las propiedades
medicinales de sus aromas, pero está desamparada frente al lado oscuro del
alma. En este punto, es necesario señalar la sororidad que se evidencia en el
tratamiento de esta tragedia.
O’Farrell
escribe una novela que se centra en un personaje llena de misterios. Zhao
construye un poderoso drama que nos toca las fibras más sensibles de manera
tierna, pero profunda. Y Jessie Buckley construye un formidable personaje que
exuda simpatía y nos roba el corazón desde el primer momento. No es casual que
haya arrasado en la Temporada de Premios: Globo de Oro a la mejor actriz
dramática, Bafta, Actors Awards y, el próximo 15 de marzo, empuñará su Oscar,
ganado en buena lid.
Simple: su
personaje de Agnes, marca registros nuevos en lo que se denomina “actuación
orgánica”: ella no pasea por el bosque, es parte del bosque. Agnes es el eje
central de todas las escenas y los demás personajes orbitan a su alrededor,
manteniendo sus distancias y teniendo sus propios momentos de luz. Buckley no
eclipsa a nadie con su necesario histrionismo, pero cuando debe dejarlo todo en
un grito desgarrador, ancestral, ese eco retumba y se hace físico en nuestros
cuerpos.
Chloé Zhao
se convirtió en apenas la segunda directora en ganar el Oscar por su formidable
Nomadland
(2020) y la única en ganar en dos ocasiones el Premio del Público del Festival
de Toronto: por Nomadland y Hamnet.
Zhao se ha
ganado por derecho propio entrar en la élite de Hollywood. Luego de su
brillante debut (The Rider) y su León de Oro en Venecia (Nomadland), tuvo un
penoso coqueteo con el Universo Cinematográfico Marvel (Eternals). Bastaría
señalar que los productores ejecutivos de Hamnet son Steven Spielberg y Sam
Mendes, ambos ganadores del Globo de Oro y el Oscar.
Zhao está
nominada al Oscar como mejor directora de nuevo (la segunda en lograr dos
nominaciones, luego de Jane Campion) y aunque no gane (este es el año de Paul
Thomas Anderson), está en el sitial que le dicta su enorme talento.
Cada escena
de Hamnet
goza de una composición escenográfica que raya en lo perfecto, milimétricamente
trazada para convocar todo tipo de sentimientos. Hay que destacar la colaboración
de Lukasz Zai, un formidable director de fotografía polaco que ha ganado en dos
ocasiones el premio de la American Society of Cinematographers: Ida
(2013) y Cold War (2018).
No hay
ninguna duda: Hamnet es un viaje emocional al centro del dolor de la pérdida,
una experiencia sensorial con la que el público agoniza en cada fotograma. Y,
por supuesto, uno de los mejores filmes de este y cualquier año.
Hamnet
(2025). Direción: Chloé Zhao; Guion: Maggie O’Farrell y Chloé Zhao, basado en
la novela homónima; Fotografía: Lukasz Zai; Edición: Alfonso Goncalves y Chloé
Zhao; Música: Max Richter; Elenco: Jessie Buckley, Paul Mescal, Emily Watson,
Noah Jupe.











