A David Fincher siempre le admiraré porque dirigió el video de Englishman in New York de Sting, uno de mis cantautores favoritos. Ahora bien, independientemente de mis preferencias, desde sus primeros trabajos ya se notaba la capacidad sobrenatural de Fincher para crear escenas laberínticas (Les adelanto la mejor del filme: “Daisy atropellada en París”).Incluso, en las dos ocasiones anteriores en que ha dirigido a Brad Pitt, Seven (1995) y Fight Club (1999), es evidente su talento para recrear ambientes. Esa condición lo hacía un candidato natural para dirigir un proyecto como El curioso caso de Benjamin Button.
Lo curioso de Benjamín Button son las similitudes que guarda con otro personaje de ficción para el cine: Forrest Gump.
Veamos: ambos están basados en novelas, Button producto de la imaginación de F. Scott Fitzgerald y Gump de Winston Groom. El colmo es que las dos adaptaciones para el cine las hizo Eric Roth.
En ambos casos, la televisión está omnipresente como testigo de la historia. En Benjamín Button, se añade alguna anécdota humorística de un personaje-pararrayos que se dosifica a lo largo del filme.
Ambos personajes sirven como excusa perfecta para inventariar los hechos importantes de dos etapas de la historia americana reciente. En el caso de Button, desde la New Orleáns de 1918 hasta el huracán Katrina, obvias contribuciones del guionista.
Ambas películas se sirven de los mejores efectos visuales para adentrarnos en la historia que cuentan y eso es loable. Me explico: en la mayoría de los casos (ejemplo: King Kong) los efectos visuales nos alejan de la historia, se convierten en una barrera infranqueable para los espectadores porque generan una curiosidad ajena al drama. Para el caso están tan bien logrados que, como deber ser, pasan desapercibidos.
Ambas películas consiguieron 13 nominaciones al Oscar. Sin dejar de reconocer que El curioso caso de Benjamin Button es una excelente película, dudo mucho que consiga algunos de los principales premios del Oscar como lo hizo Forrest Gump. Mis predicciones las publico en breve.
Ambos personajes sirven como excusa perfecta para inventariar los hechos importantes de dos etapas de la historia americana reciente. En el caso de Button, desde la New Orleáns de 1918 hasta el huracán Katrina, obvias contribuciones del guionista.
Ambas películas se sirven de los mejores efectos visuales para adentrarnos en la historia que cuentan y eso es loable. Me explico: en la mayoría de los casos (ejemplo: King Kong) los efectos visuales nos alejan de la historia, se convierten en una barrera infranqueable para los espectadores porque generan una curiosidad ajena al drama. Para el caso están tan bien logrados que, como deber ser, pasan desapercibidos.
Ambas películas consiguieron 13 nominaciones al Oscar. Sin dejar de reconocer que El curioso caso de Benjamin Button es una excelente película, dudo mucho que consiga algunos de los principales premios del Oscar como lo hizo Forrest Gump. Mis predicciones las publico en breve.





















A riesgo de que me acusen de llover sobre mojado, quiero hacer una afirmación generalmente aceptada: Tim Burton es, sin duda, el mejor director de atmósfera del cine contemporáneo.
Con sus US$43.8 millones recaudados el pasado fin de semana, El caballero de la noche (que es como se titula The Dark Knight en Dominicana) continuó en el primer lugar de las taquillas en USA, por tercera semana consecutiva.

Wall-E es el mejor homenaje que Hollywood puede hacerle, en su cuadragésimo aniversario, a 2001: Odisea del espacio, la joya de Stanley Kubrick, notas de El Danubio azul incluídas. En efecto, parte de la acción transcurre a bordo de una nave espacial, en el futuro lejano (año 2700), con una computadora inteligente que se rebela peligrosamente contra sus programadores.
Hasta hace unos meses, Marion Cotillard era una francesita de belleza frágil que le caía en gracia a Russell Crowe en Un buen año.
Hace 21 años, en mayo de 1977, Steven Spielberg y su compadre George Lucas se retiraron a descansar a Hawai y esperar el resultado de las taquillas del fin de semana, con los mismos nervios de quien espera el primer boletín de la Junta Central Electoral.
Soy de los que creen que Tim Burton es el mejor director de atmósferas del cine contemporáneo. (Para los más escépticos les remito al León de oro que le otorgaron en Venecia el pasado año.)