Ya se conocen los ganadores de los Globos de oro. Se sabe que es el premio de la Asociación de Prensa Extranjera de Hollywood que preside Jorge Cámara. Se sabe también que pautan las líneas generales de por dónde viene el Academy Award.Lo que me llama la atención de esta entrega es la inclinación de la balanza hacia filmes y personalidades que no son exactamente el prototipo de la industria del cine.
Veamos, Slumdog Millionaire consiguió los 4 premios a que estaba postulada: Mejor Película (Drama), Mejor director (Danny Boyle), Mejor guión (Simon Beaufoy) y Mejor música (A. R. Rahman). Estos premios convierte a este filme de sólo $15 millones de dólares y rodado en la India, en la más fuerte contendora para el Oscar.
Danny Boyle es un director inglés independiente (y medio rebelde) a quien recordamos por filmes fabulosos (Tumba a ras del suelo, Trainspotting) y disparates como La playa.
En el apartado de mejores actores, los premiados fueron: Mickey Rourke (dramático por The Wrestler) y Colin Farrell (cómico por Escondidos en Brujas). Si usted no reconoce en estos nombres la esencia de ser Bad boy, no ha vivido en este planeta.
Woody Allen no sólo es uno de los directores de cine más talentosos de la historia, sino también uno de los que con mayor desdén ha tratado los premios. Eso no ha impedido la elección de Vicky Cristina Barcelona como mejor comedia. Y si Penélope Cruz no ganó fue porque la compañía Miramax decidió hacer campaña por otra rebelde: Kate Winslet.
Usted me dirá que Kate protagoniza Titanic, el filme más taquillero de la historia, pero eso no invalida a esta inglesa que ha hecho la carrera que ha querido sin someterse a los dictámenes de Hollywood, sobre todo en lo que a su peso se refiere. Winslet ganó como Mejor actriz dramática (Sólo un sueño) y Mejor actriz de reparto (The Reader).
Heath Ledger, recibió su Globo de oro póstumo por El caballero de la noche, la más taquillera del año dirigida por Christopher Nolan, otro independiente.
Y, en la categoría de Mejor actriz en comedia o musical, premio recayó en Sally Hawkins por Happy-Go-Lucky de Mike Leigh, otro inglés que se maneja con mucha independencia.
El único premio que cayó en un producto típico de la industria fue el relativo a la Mejor película de animación, Wall-E, y todos sabemos que sus valores fílmicos son innegables.
Ojalá y sea que están enviando algún mensaje al mundo: Sean rebeldes que algún día serán recompensados.

















A riesgo de que me acusen de llover sobre mojado, quiero hacer una afirmación generalmente aceptada: Tim Burton es, sin duda, el mejor director de atmósfera del cine contemporáneo.
Con sus US$43.8 millones recaudados el pasado fin de semana, El caballero de la noche (que es como se titula The Dark Knight en Dominicana) continuó en el primer lugar de las taquillas en USA, por tercera semana consecutiva.

Wall-E es el mejor homenaje que Hollywood puede hacerle, en su cuadragésimo aniversario, a 2001: Odisea del espacio, la joya de Stanley Kubrick, notas de El Danubio azul incluídas. En efecto, parte de la acción transcurre a bordo de una nave espacial, en el futuro lejano (año 2700), con una computadora inteligente que se rebela peligrosamente contra sus programadores.
Hasta hace unos meses, Marion Cotillard era una francesita de belleza frágil que le caía en gracia a Russell Crowe en Un buen año.
Hace 21 años, en mayo de 1977, Steven Spielberg y su compadre George Lucas se retiraron a descansar a Hawai y esperar el resultado de las taquillas del fin de semana, con los mismos nervios de quien espera el primer boletín de la Junta Central Electoral.
Soy de los que creen que Tim Burton es el mejor director de atmósferas del cine contemporáneo. (Para los más escépticos les remito al León de oro que le otorgaron en Venecia el pasado año.)
Desde el próximo viernes 2 de mayo, entraremos en el verano cinematográfico de Estados Unidos.
Como creo conocer el perfil de mis lectores habituales, anuncio que me voy a tomar una licencia de lenguaje popular: los hermanos Coen son pura greña cinematográfica. Me encanta que, en sus películas, exigen que el público se la pase dando cráneo (segunda licencia) durante toda la proyección, jugando a las posibilidades de sus historias.
Cuando Daniel Day-Lewis nació un 29 de abril de 1957, su padre, el poeta Cecil Day Lewis, le dedicó un poema: El recién nacido, en el que se asombra de la fuerza interior del bebé. No sabía que esas palabras se convertirían en el sino inexpugnable de su vástago.