martes, marzo 03, 2026

“Hamnet”: el fantasma del hijo ausente.

Ninguna madre está preparada para ver morir su hijo. No hay remedio en el mundo que le ayude a mitigar el dolor de despedir a quien ha parido con dolor.

Hamnet, filme basado en la novela de Maggie O’Farrell y dirigido por Chloé Zhao, introduce un elemento distintivo a esta propuesta dramática: los padres involucrados en el evento son el dramaturgo William Shakespeare y su esposa, Agnes.

William ha podido exorcizar algunos dolorosos recuerdos con la escritura de La tragedia de Hamlet. (La consonancia de nombres no es casual: Hamnet y Hamlet se usaban indistintamente). Agnes es una mujer del bosque que practica la cetrería y no tiene herramientas de resiliencia para lidiar con la depresión que la habita.

Agnes es capaz de visualizar el futuro de cualquier persona con solo apretar sus manos. Conoce los secretos del bosque, los beneficios de las hierbas, las propiedades medicinales de sus aromas, pero está desamparada frente al lado oscuro del alma. En este punto, es necesario señalar la sororidad que se evidencia en el tratamiento de esta tragedia.

O’Farrell escribe una novela que se centra en un personaje llena de misterios. Zhao construye un poderoso drama que nos toca las fibras más sensibles de manera tierna, pero profunda. Y Jessie Buckley construye un formidable personaje que exuda simpatía y nos roba el corazón desde el primer momento. No es casual que haya arrasado en la Temporada de Premios: Globo de Oro a la mejor actriz dramática, Bafta, Actors Awards y, el próximo 15 de marzo, empuñará su Oscar, ganado en buena lid.

Simple: su personaje de Agnes, marca registros nuevos en lo que se denomina “actuación orgánica”: ella no pasea por el bosque, es parte del bosque. Agnes es el eje central de todas las escenas y los demás personajes orbitan a su alrededor, manteniendo sus distancias y teniendo sus propios momentos de luz. Buckley no eclipsa a nadie con su necesario histrionismo, pero cuando debe dejarlo todo en un grito desgarrador, ancestral, ese eco retumba y se hace físico en nuestros cuerpos.

Chloé Zhao se convirtió en apenas la segunda directora en ganar el Oscar por su formidable Nomadland (2020) y la única en ganar en dos ocasiones el Premio del Público del Festival de Toronto: por Nomadland y Hamnet.

Zhao se ha ganado por derecho propio entrar en la élite de Hollywood. Luego de su brillante debut (The Rider) y su León de Oro en Venecia (Nomadland), tuvo un penoso coqueteo con el Universo Cinematográfico Marvel (Eternals). Bastaría señalar que los productores ejecutivos de Hamnet son Steven Spielberg y Sam Mendes, ambos ganadores del Globo de Oro y el Oscar.

Zhao está nominada al Oscar como mejor directora de nuevo (la segunda en lograr dos nominaciones, luego de Jane Campion) y aunque no gane (este es el año de Paul Thomas Anderson), está en el sitial que le dicta su enorme talento.

Cada escena de Hamnet goza de una composición escenográfica que raya en lo perfecto, milimétricamente trazada para convocar todo tipo de sentimientos. Hay que destacar la colaboración de Lukasz Zai, un formidable director de fotografía polaco que ha ganado en dos ocasiones el premio de la American Society of Cinematographers: Ida (2013) y Cold War (2018).

No hay ninguna duda: Hamnet es un viaje emocional al centro del dolor de la pérdida, una experiencia sensorial con la que el público agoniza en cada fotograma. Y, por supuesto, uno de los mejores filmes de este y cualquier año.

 

Hamnet (2025). Direción: Chloé Zhao; Guion: Maggie O’Farrell y Chloé Zhao, basado en la novela homónima; Fotografía: Lukasz Zai; Edición: Alfonso Goncalves y Chloé Zhao; Música: Max Richter; Elenco: Jessie Buckley, Paul Mescal, Emily Watson, Noah Jupe.

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