viernes, febrero 02, 2018

La forma del agua: la nueva fábula de Guillermo del Toro.

“Gracias a mis monstruos”. Con esas emotivas palabras finalizó el mexicano Guillermo del Toro sus palabras de agradecimiento al recibir el Globo de Oro como Mejor Director por La forma del agua.
Y no era para menos: Del Toro ha sabido explorar sus miedos y parir (literalmente) algunos de los monstruos más destacados del cine contemporáneo: desde aquel “Jesús Gris” de Cronos (1993) hasta el formidable “Hombre Pálido” de El laberinto del Fauno (2006), pasando por el mismísimo Fauno.
Su nuevo monstruo es salvajemente carismático y protagoniza La forma del agua, la nueva fábula de Guillermo del Toro. Hay que recordar que, en la mayoría de las fábulas, los personajes suelen ser animales u objetos inanimados a los que se les dota con características humanas. Para este caso, Del Toro, subvierte de manera brillante alguna que otra regla del género: su anfibio humaniode no representa peligro para nadie y su damisela en apuros se masturba en las mañanas (en el agua), como para matar su soledad.
Pues entre esta criatura amazónica y Elisa Esposito (nuestra princesa sin abolengo, ni atributos físicos y, para colmo, muda) se crea una conexión mágica, llámele “amor” si quiere, califíquelo de “chapeo afectivo” si le parece, pero en virtud de la necesidad de la una por el otro y viceversa, Del Toro la hace creíble y sobre esa extraña relación monta su estructura dramática y despliega su historia en la Baltimore de los tiempos de la guerra fría, lo que implica la existencia de espías rusos.
Esto crea una correspondencia con El laberinto del fauno en el sentido de que, en ambos casos, Del Toro mezcla elementos mágicos con hechos reales (Guerra Civil y Guerra Fría) como referencia de lugar y tiempo específicos.
La mitología “clásica” de la fábula es tipo La Bella y la Bestia (el mismo esquema aplica para King Kong): una historia de amor que implica que uno de los protagonistas de la historia debe cambiar, es decir, la implícita desaprobación de la naturaleza de uno de los polos o, frecuentemente, la muerte de uno de ellos. Para decirlo más claro: el establishment cultural impone su condena como salida a la historia de amor prohibido.
Del Toro aporta su guiño cinematográfico en la resolución de su conflicto con el filme que se exhibe en el cine sobre el que vive nuestra protagonista, The Story of Ruth, basada en la historia de la biblia sobre esta mujer que renuncia a todo por una nueva vida. y una breve (pero válida) referencia a El monstruo de la laguna negra (1954, Jack Arnold).
Y, de alguna manera, esta fábula conecta con nuestro niño interior que anhela que triunfen los buenos en vez de los malos (para variar), que prevalezcan la paz y la justica en todo el mundo, que se cumplan los sueños y que triunfe el amor por sobre todas las cosas.
La forma del agua se estrenó en el Festival de Cine de Venecia, en donde ganó el León de Oro a la Mejor Película. Desde entonces, le han llovido los reconocimientos: Globos de Oro (2, Director y banda sonora), Critics’ Choice Awards (3 premios, incluyendo Mejor Película y Director), Bafta (12 nominaciones), entre otros, y sus 13 nominaciones al Oscar donde parte como indudable favorita porque es una de las mejores películas del año.


La forma del agua (2017). Dirección: Guillermo del Toro; Guion: Guillermo del Toro y Vanessa Taylor; Fotografía: Dan Laustsen; Edición: Sidney Wolinsky; Música: Alexandre Desplat; Elenco: Sally Hawkins, Octavia Spencer, Michael Shannon, Richard Jenkins.

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