Leticia Tonos Paniagua es una de nuestras cineastas más talentosas. Bastaría revisar algunos títulos de su filmografía: La hija natural, Cristo Rey y Mis 500 locos para comprobar su enorme talento y su audacia de probar con diversos géneros cinematográficos.
Milly
Quezada no solo es la reina del merengue: es una de las más dignas
representantes de la mujer dominicana de cualquier época, perfecto ejemplo de
superación personal frente a los obstáculos de quienes emigraron a New York en
los convulsos años 60, sin ceder un ápice en sus principios y sus creencias.
Estas dos
mujeres extraordinarias han hecho posible Milly: reina del merengue, filme
mitad biopic, mitad musical que llega
a la cartelera luego de su estreno en el Festival de Cine Global y su recorrido
por los Festivales de Panamá y Miami.
La exitosa
carrera como merenguera de Milly Quezada es conocida por varias generaciones
que han bailado y cantado su música. Milly: reina del merengue nos
presenta también lo que la cámara no capta, lo que el público desconoce: los
fracasos, las lágrimas, la resiliencia detrás de cada éxito discográfico,
detrás de cada fiesta multitudinaria, de cada estatuilla recibida.
Milly
Quezada recibió el Gran Soberano de Acroarte en 1998, como reconocimiento a una
carrera que también se ha visto premiada con el Latin Grammy y el Premio a la
excelencia de The Latin Recording Academy.
Milagros
Quezada Borbón llegó siendo una niña al Washington Heights de mediados de la
década 60 y tuvo que enfrentarlo todo: una vieja cultura paternal que le
asignaba papeles muy específicos como mujer (nada de tongonearse en una tarima), una nueva cultura que no siempre era
hospitalaria y el deseo natural de la niña Cuquita
de convertirse en la mujer Milly,
contando con muy poco estímulo de su entorno más íntimo. Es en ese momento
cuando la fe en ti mismo obra maravillas y descubres tu propia voz.
Para contar
(y cantar) esta historia se necesitaba no solo de la sororidad de Quezada
(productora ejecutiva del filme) y de Tonos (guionista y directora): era
necesario encontrar a alguien que fuera capaz de encarnar toda la fuerza y la
vulnerabilidad, la determinación y las caídas del personaje. Aquí aparece el
primer acierto del filme: Sandy Hernández quien, en su primer protagónico,
logra una actuación asombrosa.
Hernández
luce formidable en su papel como Milly, con su rostro, su cuerpo y su propia voz
al servicio de los propósitos dramáticos que, en varias ocasiones, nos sacuden
por dentro. Unas veces de pura empatía con el personaje que atraviesa una
crisis, otras como expresión de la alegre dominicanidad que albergamos en
nuestros corazones.
Ese es el
gran logro de Milly: reina del merengue: al margen de la excelencia de la puesta
en escena, la fotografía, el vestuario y la edición, nos conmueve en lo más
íntimo, nos enciende una chispa interior con tanta desbordante alegría quisqueyana,
sobre todo para quienes vivimos los años dorados del merengue, convocando todos
los recuerdos al compás de Volvió Juanita.
Por
supuesto, el filme también funciona como inventario de los obstáculos que
enfrenta cualquier inmigrante dominicano a New York, atraídos por la propaganda
del Sueño Americano o por las inseguridades que se generan en los muchos
desgobiernos que nos han azotado.
Por
supuesto, un filme basado en la vida de una merenguera que ha sembrado tantas
alegrías en varias generaciones, es un obvio inventario de muchos de los éxitos
merengueros de las últimas décadas y un sincero y necesario reconocimiento a
una mujer que ha logrado el éxito y es un referente de decencia, una absoluta
dama del escenario, quien solo necesitó mostrar su talento y ejercer su
maravillosa capacidad para conectar con su público, la misma que todavía la
mantiene posicionada en el gusto popular.
En una
época en que los medios destilan ejemplos execrables, se hace invaluable un
filme como Milly: reina del merengue y su contundente alegato: la
trascendencia viene como recompensa a quienes no trafican con su dignidad.
Milly:
reina del merengue (2026). Dirección: Leticia Tonos; Guion: Leticia Tonos y
Junior Rosario; Fotografía: P. J. López: Edición: Juanjo Cid; Música: Luichy
Guzmán y Allan Leschhorn; Elenco: Sandy Hernández, Juan Carlos Pichardo, Jalsen
Santana, Nicole Padrón, Cindy Galán.

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