José María
Cabral, uno de nuestros mejores cineastas, nos recrea en su nuevo filme, Perejil,
algunos de los elementos de esta tragedia ocurrida en 1937 y cuyas heridas
permanecen sin cicatrizar hasta nuestros días.
Con Perejil,
Cabral continúa una línea de denuncia social que acentuó a partir de Carpinteros
(2017) y continuó el pasado año con Hotel Coppelia, sin olvidarnos de su
aporte a la creación de una conciencia medioambiental con Isla de plástico (2019).
El río
Dajabón (renombrado como “Masacre” en recordatorio a las contiendas que
protagonizaron los bucaneros y españoles en la zona) reparte miseria a ambos
lados de la frontera que marca con su cauce. Ni los haitianos, ni los dominicanos
que viven a sus orillas han conseguido apropiadas condiciones de vida, pero
persisten en el intento. Ni los unos ni los otros quieren problemas, pero han
sido víctimas desde entonces de los que siembran miedos para su propio
beneficio.
Para
adentrarnos en ese mundo de zozobra, Cabral se vale de dos excelentes talentos:
Cyndie Lundy y Ramón Emilio Candelario (recientemente premiado como mejor actor
en el Festival Fine Arts “Hecho en RD”). Ellos nos conducen, a través de su
historia de amor, por los avatares que deben enfrentar cada día, entre la
miseria más rampante y la incierta esperanza de un futuro mejor.
En efecto,
la historia de Marie y Frank conquista la empatía del público. Lo mejor: lo
hace sin sobresaltos, más allá de los típicos prejuicios, condición
imprescindible para que, cuando la tragedia hace presencia, el interés del público
se mantenga en el porvenir de los protagonistas, a pesar de la tétrica contabilidad
de la masacre: varios miles de muertos. Ese logro se evidencia en el Premio del
Público que Perejil consiguió en el Festival de Miami.
Técnicamente, Perejil evidencia una factura impecable. Es decir, en términos formales, la realización evidencia indudables méritos: la dirección de fotografía, la dirección de arte, la edición y otros apartados de la producción.
El pero de esta crónica viene dado por los diálogos “explicativos” de algunos personajes que no contribuyen a la veracidad del drama, porque revelan los planes de la dictadura (dudamos que un asunto de esa magnitud se manejara con los bajos estamentos militares de entonces) o los intentos por describir la situación de “tensión” en la frontera, cuando las imágenes de confraternidad entre nacionales de los dos países muestran otra realidad.
En su declaratoria
de intenciones, Cabral especifica: “Como director, quería contar esta historia
desde la perspectiva de una familia; en particular, desde el punto de vista de
una madre. No hay nada más valioso en la vida que la familia, y verse separado
de ellos por el racismo y las órdenes xenófobas de un gobierno despótico, deben
contarse entre las más dolorosas experiencias que le pueden pasar a cualquier
ser humano”.
Perejil logra eso y mucho más: apuesta por abrir las puertas para un diálogo sincero, necesario entre naciones. El primer paso, que se hace impostergable, para un entendimiento con más puentes y menos muros.
Perejil (2022). Dirección: José María Cabral; Guion: José María Cabral, Arturo Arango, Xenia Rivery, Nurielis Duarte, Alán González y Joaquín Octavio González; Fotografía: Hernán Herrera; Edición: Nacho Ruiz Capillas; Música: Jorge Magaz; Elenco: Cyndie Lundi, Ramón Emilio Candelario, Lía Briones, Attabeyra Encarnación.
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